Sexmujeres

A Roby1 se le fue la mano

Este mes hemos recibido un caliente cuento de Roby1 que habría hecho empalidecer de envidia al mismísimo James Joyce, aún después de escribir "Ulises"... pero como fue el único Cuento de Lectores que recibimos, vamos a publicarlo (por capítulos) en tantas ediciones como sean necesarias. Aquí va la primera parte:

Haven XXX




Haven XXX
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comunicate
Quiero que me lo hagas (Parte I)
por: Roby1
Un metro setenta y siete, era una modelo top en aquellos días y supo estar casada, pero ya estaba separada. Piel blanca, suave, más perfecta que la de un bebé, delgada, piernas largas, una cola redondita y bien parada, sus tetas eran perfectas; nada le faltaba a ella, su boca parecía estar dibujada y nada era comparable a ese par de ojos verdes que te encandilaban. Era la chica 10, desde su larga y rubia cabellera hasta sus pies. Lo más grandioso es que, cuando no trabajaba y andaba por la calle, podía pasar inadvertida, pero cuando se lo proponía y se producía un poco, se convertía en una gata infernal, a más de cuatro viejitos se los llevaron de urgencia con un paro cardíaco.
Todos frecuentábamos la casa de Ernesto, un amigo y fue allí donde la conocí, y realmente me impactó su dulzura, sé que no me lo van a creer, pero así fue: Adriana era un caramelito como para chuparla despacito y que se te vaya deshaciendo en la boca. En ese momento yo estaba de novio con María, encantadora María, con un par de tetas ¡oh que hermoso par de tetas!, creo que son las tetas más grandes que haya chupado en toda mi vida, para ser sincero no alcanzaba el metro para medir su talla. Y Adriana (aparentemente) salía con un empresario entrado en años, de esos que les gusta estar siempre rodeado de hermosas mujeres para despertar la envidia de sus pares, pero de coger: ni hablemos.
Después de un par de meses de no aparecer por lo de Ernesto, conseguí un nuevo laburo cerca de su casa. Decidí ir a visitarlo y ¿adivinen con quién me encontré? Sí, con Adriana, estaba viviendo en lo de mi amigo desde hacía, más o menos, un mes y encima estaba sola porque él había tenido que viajar al interior por cuestiones de laburo. Me recibió con mucho afecto, cosa que me puso muy contento, sobre todo cuando uno anda mal de amores, me invitó a pasar y mientras charlábamos se puso a preparar mate, y vino la pregunta de rigor
¿Como está María? Bueno, creo que mi cara lo expresó todo, pero igual le conté, más o menos, que me había separado. Con toda su ternura me abrazó para consolarme y sentí que mi corazón se aceleraba, casi prodría decir demasiado, apoyó su mano sobre mi pierna derecha
-Estás temblando? preguntó mirándome a los ojos y qué le podía decir si era cierto, sentir su cuerpo contra el mío me hizo vibrar y ahí me di cuenta que algo pasaba, porque cuando acerqué mi mano a la de ella, me di cuenta que ella también estaba temblando
-¿Vos tambien estás temblando? y nada, solamente sonrió, y fui directo al grano, lo único que me preocupaba
-¿Pasa algo con Ernesto?
-¡No! somos muy amigos.
-No, digo como estás viviendo acá...
-Vos sabés cómo es Ernesto. Sabía que tenía que irme del departamento que alquilaba y me invitó a que viniera a vivir con el hasta que consiguiera otro.
-Bueno, pero ya hace más de un mes que estas viviendo acá
-No me digas que estás celoso de Ernesto.
-Quien yo?
-Vamos!!
-Bueno, la verdad que sí, un poco. Realmente era envidiable tener semejante bombón en su casa.
Nos quedamos charlando tirados en los sillones del living, cuando, de golpe, nos dimos cuenta que se había hecho de noche y estábamos en penumbras. Adriana se levantó a encender alguna luz y la vi ir hacia la lámpara de pie; su cuerpo se recortaba por la luz que entraba de la calle, se reclinó sobre el escritorio para llegar a la lámpara dejando su hermoso trasero todo para mis ojos. Cuando encendió la luz me di cuenta que, debajo de las calzas de jersey blancas que tenía puestas, no llevaba ropa interior; tragué saliva y suspiré -Qué bien te quedan esas calzas
-¿Te gustan? me las prestó Ernesto, porque toda mi ropa la llevé a mi nuevo depto.
-Puta, nunca lo vi a Ernesto ponerse una de esas, seguramente no le quedan tan bien como a vos, las cosas que uno no sabe de los amigos...
-No, tarado, es un trofeo que le quedó de alguna mina.
-Ah! ya me había asustado. Su sonrisa iluminó más que todas las luces del Monumental y yo me sentía solo frente al mejor arquero del mundo teniendo que patear el último penal que definía el campeonato. Sin saber qué hacer. Alzó sus brazos para recogerse el pelo, sus pezones emergieron contra el algodón de su remera por lo que deduje que tampoco llevaba corpiño, mis ojos parecían salirse de sus órbitas, en realidad me sentía como el coyote del correcaminos cuando ve venírsele el tren encima
-¿Entrás temprano a trabajar mañana? Preguntó, mientras se terminaba de acomododar el pelo
-No, a la tarde recién tengo la primera clase.
-Qué te parece si comemos algo?
-Bueno, pedimos una pizza? o eso lo tenés prohibido?
-No, qué te pasa: yo como de todo
-Pensé que te cuidabas mucho para mantener la figura.
-Eso es para las prefabricadas, que se tienen que andar cuidando si miran fuerte un helado.
Después de llamar a la pizzería, hoy delivery, vino y se tiró -podría decir se desparramó- en el sillón nuevamente, con las piernas abiertas se estiró llevando las manos a su cabeza, mientras arqueaba su cintura hacia arriba, era todo un espectáculo y sólo para mis ojos, luego se dejó caer nuevamente en el sillón.
-Estoy toda contracturada. Me acerqué al oído y me embriagó su perfume suave, dulce, fresco como ella, juro que le iba a decir (usando el viejo pero nunca tan bien ponderado): -Yo sé dar unos masajes bárbaros. Pero ella se anticipó, giró lentamente su cabeza y se quedó mirándome a los ojos, podía sentir su respiración, pausada, como contenida, nuestras narices apenas se rozaron y ella cerró sus párpados muy lentamente: si eso no era la invitación a un beso que alguien me demuestre lo contrario, me acerqué hasta apoyar mis labios contra los suyos, ella entrabrió su boca y su lengua rozó delicadamente mis labios, (continuará)
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