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Sorpresas te da la vida
Este mes teníamos dos cuentos,
a cual mejor, pero como somos muy caballeros, decidimos darle paso
a las damas, por lo tanto, FEG, tendrás que esperar al próximo
ejemplar. Felicitaciones Eve, tu estilo literario nos obligó
a releer el cuento.
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Mandá
tu cuento: Click en comunicate
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"Señorita,
buena presencia"
por: Eve |
Suerte que el ascensor
estaba hasta el moño de gente. Apelotonados no se notaba
tanto lo incómoda que me sentía: la pollera demasiado
corta y el saco demasiado apretado. Mis globos pedían
aire a gritos, pero no podía desabrocharlo porque se
me zafaba la blusa: cosas del buscar trabajo, debía verme
"presentable".
Parecía que el piso 45 no llegaba nunca. Al menos, estaba
entretenida en ver subir y bajar manadas en cada piso, cuando
escucho, pegado a mi oreja "quiero sentirte acabar en mi
boca".
Me quedé pasmada y sentí más la falta de
aire. La voz, enronquecida por el deseo, sonaba cerca pero ni
podía darme vuelta ni sabía de quién era.
Ibamos por el piso 38 y me dice: "Bajá conmigo que
te hago tocar el cielo con las manos". Una propuesta nada
despreciable, aunque me esperara el piso 45. El problema era
que no sabía a quién debía seguir, apretujada
como estaba no podía girar para ver y desde el piso 33
el ascensor subía sin parar. Y llegamos al piso 45 (el
último del edificio) y allá bajó todo el
mundo: me quedé un segundo dentro esperando una señal
y al fin bajé de la caja antes de que cerrara su puerta
en mi cara.
La marea humana se desbandó por un laberinto de pasillos
y nadie me daba una señal. De pronto, al final del pasillo
de la derecha, veo que se da vuelta y me hace un gesto con la
cabeza. Tiré el diario y seguí el gesto. Era muy
lunes para perderse semejante promesa. Entré a la única
oficina que tenía la puerta abierta, y ahí estaba:
traje impecable, camisa de seda, zapatos brillantes, ojos penetrantes...
y una sonrisa inolvidable que me invitaba a entrar. Y yo entré.
Se acercó, me tomó de las solapas, me apretó
contra su cuerpo y me metió la lengua hasta la garganta.
Nunca había sentido esa sensación de prohibido,
de transgresión: había ido a buscar trabajo y
me estaba entregando el sexo más loco de mi vida.
Me metió una mano bajo la pollera y empezó a apretarme
la concha con una habilidad admirable: a los dos segundos ya
estaba toda mojada y a su mano no le costó nada enterrar
sus dedos, sabía muy bien lo que hacía. Yo estaba
alucinada, no sabía que hacer con mis manos, hasta que
decidí desabrocharle el saco y la camisa, para poder
acariciarle el pecho, al menos. No me dio tiempo, me tiró
sobre el sillón, me arrancó la ropa y se metió
justo entre mis piernas. A esas alturas, mi concha chorreaba
y comenzó a lamerme y mordisquearme, moviendo su cabeza
de un lado hacia el otro, estirando mi vulva con sus labios
cada vez más rápido, chupando y chupando sin parar.
Cerré los ojos, intenté apretar mis piernas porque
me la veía venir, pero fue inútil: dos dedos bien
enterrados bastaron para que acabara como una bestia. Y debo
haber estado bastante escandalosa porque, cuando abrí
los ojos después del orgasmo más largo e intenso
de mi vida, estaba cagándose de risa, de rodillas en
el sillón y arreglándose la ropa, como dando por
terminado el trámite.
- Venís por el aviso? preguntó mientras se ponía
los anteojos para mirar unas planillas. Mirá que soy
muy exigente: por acá pasan muchos personajes importantes
y necesito una recepcionista siempre dispuesta e impecable.
Lo dijo con picardía y me miró fijo a los ojos.
Yo no podía ni hablar, estaba sonrojada, atolondrada,
apabullada... tarada, bah.
- ¿Qué te pasa? No me vas a venir con eso de que
"es la primera vez", me dijo
- Con una mujer, sí, es la primera vez- dije mirándola
a los ojos
- ¿Y te gustó?
- ¡Ya lo creo! (todavía me tiemblan las piernas)
- O sea que, en el escensor, no te mentí: cumplí
con lo prometido
- Más de lo que me imaginé...
- Bueno, entonces, el puesto es tuyo.
Y así empezó mi carrera como asistente. A veces
es bueno dejarse llevar por el momento: al menos en mi caso,
me fue muy bien. Hicimos muchas cosas juntas, pero no la puedo
nombrar acá: hoy es una senadora que ha llegado muy lejos
porque siempre cumple con lo que promete.
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