Para
todos los que están matando el erotismo con chancletas
y borceguíes, me veo en la obligación de contarles
la verdadera historia de Cenicienta:
El Príncipe no podía casarse con una plebeya y,
en realidad, la muchacha no era una princesa, era una mugrosa
sirvienta apachurrada. Pero, cuando el Príncipe la vio
sobre los tacos, descubrió que, si no pertenecía
a la realeza, él la convertiría, porque no estaba
dispuesto a perderese semejante bombonazo. El mismo inventó
la historia y gastó fortunas en juglares para divulgar
el cuento. Ya ven lo que pueden los tacos: el zapatito indicado
en el pie correcto puede transformar a una sirvienta en una
princesa, y al príncipe del cuento en el rey de los fetichistas.
Ya en el siglo XVI las mujeres se subían a coturnos que
las obligaban a andar con bastones para mantener el equilibrio
y por aquellos tiempos se empezó a acuñar la letra
del bolero "y entregarse al amor con frenético ardor,
para seeeeer una mujeeeeer". Porque es cierto que estos
zapatos hacen arder los pies. También producen torceduras
o roturas de tobillo, pero ¿qué importa, si los
hombres caemos rendidos ante semejante lindura?
Tiqui, tiqui, tiqui, aún resuenan en mis oídos
los tacos de la señorita Julia, mi profesora de Lenguas
de segundo año, acercándose por el pasillo. Ella
creía que yo era muy tímido porque nunca alzaba
los ojos ¿para qué iba a mirarle cara si tenía
unas piernas que ni el mejor ebanista podría haber torneado
más perfectas?. Me decía "mi pequeño
almidonado" y me llamaba a la sala de profesores para que
le masajeara los pies.
Sí señor, soy altocalcifílico, ¿y
qué? Y estoy seguro de que muchos de ustedes lo son,
también. ¿O me van a decir que nunca soñaron
con unas larguísimas piernas encaramadas sobre empinados
tacos aguja? No hay mejores columnas para sostener la promesa
de lo que vendrá, el remate, el capitel: las piernas
no "caminan", son el camino. Pero, siempre, sobre
el Modelo Clásico: Luis XV, cerrado, en punta, con suela
blanda y taco fino.
La "altocalcifilia" es el primero de todos los Fetichismos,
ya que los "Tacos altos", más que una simple
pieza de vestimenta, son un objeto de placer sexual. Son una
auténtica paradoja: pueden hacer parecer a una mujer
más o menos poderosa y ¿quién duda del
poderío de las divas de los '50, como Jane Mansfield?.
Hoy, las cosas son distintas: Pueden hacer avisos de moda muy
bonitos de muchachas desvestidas con trapos transparentes, pero
si no tienen tacones... puajjj, pueden pretender poner cara
de glamorosas pero no salvan la foto. |

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