Sexmujeres

Si viajar es un placer que nos puede suceder:
preferible viajar en colectivo
antes que en un auto feo.

Esta es la moraleja que
nos deja el esperado cuento de FEG.
Cuando lo lean, verán que valió la pena esperar.

Ashton Moore

Briana Banks
Para mandar tu cuento: hacé Click en comunicate
Volver a Indice.
comunicate
"Un Viaje Inolvidable"
por: FEG
Como todos los viernes, al salir de la oficina tomé el 60 y, como siempre iba atestado de gente, cuando subí traté de quedarme a un costado del asiento del chofer mirando hacia la puerta. En Ayacucho y Santa Fe subió una rubia despampanante, de esas que uno (ni por putas) se imagina que viajan en colectivo: el viento le jugó una mala pasada, embolsó su pollerita -por cierto muy corta y nada adecuada a la época- y me dejó ver su micro tanga rosa. Mientras se aferraba al pasamanos me miró en forma penetrante; obviamente se dio cuenta de lo que yo había visto; traté de acomodarme el sobretodo y bajé la mirada, haciéndome el boludo. Después que pagó su boleto, se apoyó en el asiento del chofer y volteó, mirándome fijamente, como pasándome factura. Una sonrisa se esbozó en mi cara y me encogí de hombros, como diciéndole: "son cosas que pasan", ella dio vuelta la cara sin responder a mi gesto; muy contenta no se la veía cuando, al grito del chofer: "a ver si se corren, que atrás hay lugar, señores", como ganado y a los apretujones nos fuimos corriendo hasta llegar a la mitad del colectivo y ¡justo! vengo a quedar detrás de ella. A duras penas, aferrado al pasamanos, trataba de mantener la distancia, no vaya a ser que la rubia se encabrone si la apoyaba... bueno, ganas no me faltaban: su cola bien redondita y parada era todo un llamado, su perfume inundaba mis fosas nasales y era tan dulce que podía sentir como me atraía hacia ella. El colectivo dio una frenada brusca y todos nos fuimos para atrás y la fantasía se hizo realidad, pero no fui yo quien apoyó a la rubia, sino ella que se recostó sobre mi cuerpo, apoyándome su hermoso trasero. Una vez que recobro la vertical, me miró por sobre su hombro:
- Perdón
- No hay nada que perdonar-, le contesté, "en realidad fue un gusto" pensé para mí. Se escucharon los gritos del colectivero pidiendo que fuéramos más atrás pero, a esta altura del partido, si ella no se movía yo tampoco.
Una gorda venía abriéndose paso apurada por bajarse en la próxima parada y, literalmente, apretujando a todos contra un lado y otro. La rubia se tiró hacia adelante, aferrándose del asiento, mientras su culo iba en sentido contrario y yo hacia él. Todos se quejaban de los empujones de la gorda menos yo: pude sentir sus nalgas bien duras contra mi pija, ella hizo un movimiento de caderas restregándose contra mi cuerpo mientras se enderezaba y me miró, no me quedó otra que pedirle disculpas, y ella, sonriendo, dijo
- Ya había olvidado lo que era viajar en colectivo a esta hora
- Y... sí, es bastante insoportable, vas lejos?
- Hasta Olivos- me contestó. Mientras me volvía a apoyar el trasero, por el vaivén del colectivo, me miró sonriendo.
-Esta vez no fuí yo- le dije, sintiendo como mi pija se empezaba a poner dura y tratando de recular para que ella no lo notara, pero duró poco la posición: una nueva frenada hizo que me fuera encima de ella, que estaba con las piernas abiertas para mantener el equilibrio, incrustando mi -ya tieso- miembro en su culo; sólo nuestras ropas impidieron que la penetrara, se quedó reclinada hacia adelante, como mirando por la ventanilla, apretando su trasero contra mi pija. Cuando miro hacia abajo, veo su pollera totalmente metida entre sus nalgas y siento como me presiona el miembro, como no queriendo dejarme salir. Trato de ir para atrás y ella también recula, se endereza y con voz amable
- Esto se está poniendo peligroso.
Respiré profundo sin atinar a decir nada, cuando siento su mano apretando fuerte mi pija
- Cuidado, no es de goma...
- Ya me di cuenta, parece de fierro- me dijo en voz baja
Sentí como me bajaba lentamente el cierre e introducia su mano en mi bragueta; agarrando mi tieso aparato empezó a pajearme. Me quedé sin artículo, duro, casi petrificado; ella miraba fijamente al frente sin moverse, pero su mano acariciaba y me pajeaba suavemente, ayudada por los movimientos del colectivo; mi sobretodo vino muy bien para tapar lo que sucedía allí abajo: en un momento hizo que mi cabeza rozara contra la suave piel de su culo. Mi pija se hinchaba cada vez más, la soltó por un momento y la apretó fuertemente con sus nalgas, empezó a jugar apretando y soltando una y otra vez, yo sentía que iba a acabar. Cuando mi pija empezó a latir fuertemente, dando señales que la leche se venía, la tomó con su mano, la introdujo nuevamente en el pantalón y la bombeó un par de veces con firmeza.
Sentí como me corrían los chorros de leche caliente por mi pierna hasta llegar a los zapatos. Traté de respirar muy hondo para no gritar, los ojos se me salían de las órbitas. Ella se dió vuelta me recorrió con su mirada desde la bragueta hasta mis ojos, llevo la mano su boca y lamió disimuladamente su palma.
- Una lástima, pero acá me bajo, chau ¡picarón!.
La miré perplejo mientras se abría paso entre la gente para bajar, cuando escuché una voz sobresaltada que provenía del asiento frente a mí:
- Señor!!! su bragueta!!! me decía una vieja con cara de vinagre mientras intentaba no mirar el espectáculo de leche que había en mis pantalones. Cerré mi sobretodo y enfilé hacia la puerta de atrás, desde donde pude ver a la rubia que tomaba un taxi. Tres paradas adelante bajé, con los pantalones mojados y la sensación de haber vivido un viaje inolvidable.
Oumaigod!!! Las Mejores Ofertas en Celulares.