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Si viajar es un placer que nos puede suceder:
preferible viajar en colectivo
antes que en un auto feo.
Esta es la moraleja que
nos deja el esperado cuento de FEG.
Cuando lo lean, verán que valió la pena esperar.
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"Un
Viaje Inolvidable"
por: FEG |
Como todos
los viernes, al salir de la oficina tomé el 60 y, como
siempre iba atestado de gente, cuando subí traté
de quedarme a un costado del asiento del chofer mirando hacia
la puerta. En Ayacucho y Santa Fe subió una rubia despampanante,
de esas que uno (ni por putas) se imagina que viajan en colectivo:
el viento le jugó una mala pasada, embolsó su
pollerita -por cierto muy corta y nada adecuada a la época-
y me dejó ver su micro tanga rosa. Mientras se aferraba
al pasamanos me miró en forma penetrante; obviamente
se dio cuenta de lo que yo había visto; traté
de acomodarme el sobretodo y bajé la mirada, haciéndome
el boludo. Después que pagó su boleto, se apoyó
en el asiento del chofer y volteó, mirándome fijamente,
como pasándome factura. Una sonrisa se esbozó
en mi cara y me encogí de hombros, como diciéndole:
"son cosas que pasan", ella dio vuelta la cara sin
responder a mi gesto; muy contenta no se la veía cuando,
al grito del chofer: "a ver si se corren, que atrás
hay lugar, señores", como ganado y a los apretujones
nos fuimos corriendo hasta llegar a la mitad del colectivo y
¡justo! vengo a quedar detrás de ella. A duras
penas, aferrado al pasamanos, trataba de mantener la distancia,
no vaya a ser que la rubia se encabrone si la apoyaba... bueno,
ganas no me faltaban: su cola bien redondita y parada era todo
un llamado, su perfume inundaba mis fosas nasales y era tan
dulce que podía sentir como me atraía hacia ella.
El colectivo dio una frenada brusca y todos nos fuimos para
atrás y la fantasía se hizo realidad, pero no
fui yo quien apoyó a la rubia, sino ella que se recostó
sobre mi cuerpo, apoyándome su hermoso trasero. Una vez
que recobro la vertical, me miró por sobre su hombro:
- Perdón
- No hay nada que perdonar-, le contesté, "en realidad
fue un gusto" pensé para mí. Se escucharon
los gritos del colectivero pidiendo que fuéramos más
atrás pero, a esta altura del partido, si ella no se
movía yo tampoco.
Una gorda venía abriéndose paso apurada por bajarse
en la próxima parada y, literalmente, apretujando a todos
contra un lado y otro. La rubia se tiró hacia adelante,
aferrándose del asiento, mientras su culo iba en sentido
contrario y yo hacia él. Todos se quejaban de los empujones
de la gorda menos yo: pude sentir sus nalgas bien duras contra
mi pija, ella hizo un movimiento de caderas restregándose
contra mi cuerpo mientras se enderezaba y me miró, no
me quedó otra que pedirle disculpas, y ella, sonriendo,
dijo
- Ya había olvidado lo que era viajar en colectivo a
esta hora
- Y... sí, es bastante insoportable, vas lejos?
- Hasta Olivos- me contestó. Mientras me volvía
a apoyar el trasero, por el vaivén del colectivo, me
miró sonriendo.
-Esta vez no fuí yo- le dije, sintiendo como mi pija
se empezaba a poner dura y tratando de recular para que ella
no lo notara, pero duró poco la posición: una
nueva frenada hizo que me fuera encima de ella, que estaba con
las piernas abiertas para mantener el equilibrio, incrustando
mi -ya tieso- miembro en su culo; sólo nuestras ropas
impidieron que la penetrara, se quedó reclinada hacia
adelante, como mirando por la ventanilla, apretando su trasero
contra mi pija. Cuando miro hacia abajo, veo su pollera totalmente
metida entre sus nalgas y siento como me presiona el miembro,
como no queriendo dejarme salir. Trato de ir para atrás
y ella también recula, se endereza y con voz amable
- Esto se está poniendo peligroso.
Respiré profundo sin atinar a decir nada, cuando siento
su mano apretando fuerte mi pija
- Cuidado, no es de goma...
- Ya me di cuenta, parece de fierro- me dijo en voz baja
Sentí como me bajaba lentamente el cierre e introducia
su mano en mi bragueta; agarrando mi tieso aparato empezó
a pajearme. Me quedé sin artículo, duro, casi
petrificado; ella miraba fijamente al frente sin moverse, pero
su mano acariciaba y me pajeaba suavemente, ayudada por los
movimientos del colectivo; mi sobretodo vino muy bien para tapar
lo que sucedía allí abajo: en un momento hizo
que mi cabeza rozara contra la suave piel de su culo. Mi pija
se hinchaba cada vez más, la soltó por un momento
y la apretó fuertemente con sus nalgas, empezó
a jugar apretando y soltando una y otra vez, yo sentía
que iba a acabar. Cuando mi pija empezó a latir fuertemente,
dando señales que la leche se venía, la tomó
con su mano, la introdujo nuevamente en el pantalón y
la bombeó un par de veces con firmeza.
Sentí como me corrían los chorros de leche caliente
por mi pierna hasta llegar a los zapatos. Traté de respirar
muy hondo para no gritar, los ojos se me salían de las
órbitas. Ella se dió vuelta me recorrió
con su mirada desde la bragueta hasta mis ojos, llevo la mano
su boca y lamió disimuladamente su palma.
- Una lástima, pero acá me bajo, chau ¡picarón!.
La miré perplejo mientras se abría paso entre
la gente para bajar, cuando escuché una voz sobresaltada
que provenía del asiento frente a mí:
- Señor!!! su bragueta!!! me decía una vieja con
cara de vinagre mientras intentaba no mirar el espectáculo
de leche que había en mis pantalones. Cerré mi
sobretodo y enfilé hacia la puerta de atrás, desde
donde pude ver a la rubia que tomaba un taxi. Tres paradas adelante
bajé, con los pantalones mojados y la sensación
de haber vivido un viaje inolvidable. |
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