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A Roby1 se le fue la mano parte II

El mes pasado publicamos la primera parte del caliente cuento de Roby1. Y como somos hombres de una palabra y lo prometido es deuda, aquí va la segunda parte. No se la pierdan, realmente está muy buena. Y no les voy a decir que no me dieron ganas de contarles el final, porque faltaría a la verdad.


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Relato erotico
Quiero que me lo hagas (Parte II)
por: Roby1
...por supuesto respondí de la misma manera, la cosa se fue calentando de a poco, pero mi pija no seguía ese ritmo: se puso rígida de un saque, puse mi mano en su cintura y sentí cómo se estremeció, su cuerpo vibraba y nuestras lenguas se entrelazaban, se retraían y luego entraban como arietes hasta lo más profundo de nuestras bocas. Mi mano se deslizó por su cadera hasta el muslo derecho, comprobando efectivamente que no había visto mal, no llevaba bombacha, ella cerró suavemente sus piernas, como diciéndome, todavía no, con la respiración agitada puso una mano en mi pecho, me miro a los ojos
-Sé muy suave. Me quedé mirándola y se tiró contra mí abrazándome muy fuerte, con su cabeza sobre mi hombro susurró
-Hace más de un año que no estoy con un hombre. Había oído sus palabras y no lo podía creer, ¿semejante hembra y sola? no podía ser y ahora estaba toda para mí, no podía creer lo que me estaba pasando. La tomé suavemente de los brazos, separándola de mí para poder verla a los ojos y decirle lo que sentía, pero no me dió tiempo: me tomó de la cara con sus manos y estrelló su boca contra la mía, nuestras lenguas volvieron a empujarse frenéticamente, hasta casi quedarnos sin aire, tomábamos un respiro y mordía suavemente mis labios para volver a empezar. Tratando de tener bajo control la situación, e ir más despacio, comencé a besar sus parpados y fui besándola delicadamente hasta llegar a su cuello y allí sentí que ella se paralizó, tiró hacia atrás su cabeza, gimiendo, desenfrenada, me di cuenta que el cuello era su punto debil, por lo menos hasta ese momento, así que decidí no parar, mi lengua y mi boca recorrían ese largo y hermoso cuello de arriba hacia abajo, ella gemía y gemía sin cesar, mis manos rozaron sus erectos pezones, ella introdujo su lengua en mi oreja y comenzo a mordisquearla, apreté sus tetas que parecían querer salirse de la remera y más se calentaba, su respiración se aceleraba cada vez más. Mi pija no entraba en el calzoncillo, por eso trataba de mantenerme alejado para que no se notara, cuando acaricié su abdomen sentía como se agitaba cada vez más, rozando apenas con la punta de mis dedos su entrepierna sentí que las calzas estaban mojadas, su boca buscó desesperadamente mi boca, su movimiento pélvico hizo que su concha se apretara fuertemente contra la palma de mi mano sentí su temperatura a través del jersey, podía sentir cada pliegue de su concha que cada vez se hinchaba más, mientras que, con mi otra mano, apretaba fuertemente su culo... Sonó el timbre varias veces, nos quedamos duros, respirando aceleradamente hasta que ella reaccionó
-Debe ser el de la pizza, atendelo vos, yo así no puedo. Acomodé mi camisa y me dirigí hacia la puerta tratando de acomodar mi instrumento para que no se notara mucho por lo menos, pagué la pizza y entré
-Bueno, vamos a comer... Adriana me sacó la caja de las manos y la tiró sobre la mesa diciendo
-No se dejan las cosas por la mitad. Me empujó hacia los sillones y montó sobre mí apoyando su tierna y acolchada concha sobre mi tiesa pija que no había aflojado nada. Dando un pequeño salto hacia arriba exclamó -Epa! qué bien la disimulabas!. Me agarró de las muñecas y se tiró contra mi boca y allí empezó todo de nuevo, desprendió mi camisa, mientras restregaba su concha contra mi pija, le saqué la remera y sus hermosas tetas quedaron justo frente a mi boca jugueteé con mi lengua, mordí sus pezones y más se calentaba pidiéndome ¡bastaaa!, más afirmaba su concha contra mi pija, entonces supe que era el momento, porque ninguno de los dos iba a aguantar más, porque uno tampoco es de fierro, la di vuelta, recostándola en el sillón mientras la besaba en la boca, introduje mi mano dentro de sus calzas hasta alcanzar su clítoris; mis dedos se movían rápido, sus jugos chorreaban, su cuerpo se arqueaba, vibraba convulsionada, entonces deslicé dos dedos hacia el interior de su jugosa concha sin dejar de presionar el clítoris con la palma de mi mano, jadeaba fuertemente, mis dedos entraban y salían del interior de su raja estrecha y muy acogedora, gritaba y se agitaba cada vez más, sabía que estaba a punto de acabar, fue entonce cuando decidí introducir un dedo más y, apenas entró, ella lanzó un alarido y quedó temblando y empezó a jadear más fuerte; mis dedos fueron bien adentro hasta hacer tope. Movía su pelvis arriba y abajo, sus jugos vaginales inundaron mi mano en una bruta acabada, con los ojo desorbitados me dijo -Ponémela, la quiero adentro, mientras desabrochaba mis pantalones. Mi pija emergió como toro que lo sueltan en el rodeo, Adriana se quedó mirándola como sin saber qué hacer, mientras me terminaba de sacar los pantalones se sentó y cuando me enderezo, mi pija queda justo a la altura de su boca: sacó su lengua y la empezo a lamer; creí que me iba cuando la introdujo en su boca y empezó a chupar y a pajearme, dejando correr mucha saliva para que su mano se deslizara suavemente hacia adelante y atrás poniéndola y sacándola de su boca, sentía que mi pija iba a estallar en su boca, cuando, de repente, la sacó y mirándome a los ojos -Esto va a quedar para mejor oportunidad, quiero que me la pongas, estoy demasiado caliente, no aguanto más. Ella se recostó sobre el sillón abriendo bien las piernas, preparándose para lo que se venía Y como los deseos de una dama son órdenes, me arrodillé, la agarré por las nalgas mientras sus dedos separaban los mojados labios de su concha para abrir el paso dejándome ver su precioso agujero, enfilé mi pija y comencé a juguetear sólo con la puntita: entraba y salía una y otra vez, ella comenzó a desesperarse -Dámela toda, no seas guacho. La agarré fuertemente del culo como para que no se escape y embestí con todo lo que tenía hasta hacer tope, ella aulló, grito y comencé a moverme cada vez más rápido. Adriana jadeaba -Dámela ahora, dámela.
Los dos nos empezamos a mover desenfrenadamente, de pronto se puso tiesa yo me seguí moviendo y acabamos juntos, se aferró a mí como queriendo fundirse contra mi cuerpo, me besó apasionadamente, casi podríamos decir con vehemencia, mi pija seguía dura dentro de ella. Los movimientos musculares de su vagina me indicaban que quería más y yo estaba dispuesto a darle y a darle, después de todo, no todos los días se tiene una hembra como ella en la cama, empecé a moverme lentamente, ella me siguió, su concha chorreaba los jugos de los dos, ella empezó a moverse más rápido, estaba a punto de su tercer orgasmo y aquí venía yo con mi segundo. Apreté sus pezones y largó un aullido. Acabamos nuevamente, nos abrazamos por largo rato y, después de unos veinte minutos, empezamos de nuevo para alcanzar mi tercera acabada. Un gran mérito de Adriana fue el cuarto polvo que me sacó esa noche: yo creia que no se iba a volver a parar, primero me la chupó como nunca antes lo habían hecho hasta que la dejó bien dura, luego se puso en cuatro patas y ver ese hermosísimo culo me terminó de calentar, estiró su mano, agarró mi pija y la introdujo en su concha y empezo a menear sus caderas haciendo girar mi pija mientras entraba y salía, mientras mis dedos jugueteaban en su culo el vaivén aumentó y ambos acabamos. Quedamos tirados en la alfombra de Ernesto, abrazados casi sin fuerzas; allí amanecimos.
Así comenzó la historia con Adriana, calentura-pasión-amor todo mezclado, todo junto, llevábamos seis meses echándonos tres polvos diarios a lo bestia, hasta en los lugares más insolitos, chupársela era un placer, cada acabada de ella llenaba mi boca, y ella, con su boca, era capaz de revivir a un muerto, sobre todo después del tercero, pero lo que nunca quiso es darme el culo, realmente ya era una obsesión: se lo hice con los dedos, con un consolador pero no quería que le pusiera la pija porque decía que era muy grande, que apenas la aguantaba en la concha y en el culo no quería probar. Dicen que en la vida hay que tener paciencia. Un día Adriana me esperó en su departamento vestida para matar: estaba hecha una diosa, más hermosa que nunca realmente increíble, minifalda negra, medias de red, zapatos negros de tacos muy altos y bien puntudos, una camisa semitransparente que dejaba ver sus pechos, realmente todo un fetiche, no bien traspuse la puerta la ví y se me paró. El primero me lo sacó con una chupada descomunal, el segundo me montó en una silla: primero de frente y luego de espaldas cabalgó hasta que acabamos juntos como animales, nos quedamos un rato quietos, me dio un beso en la boca, se acuclilló y me la volvió a chupar, luego tomó un pomo de gel íntimo, embadurnó toda mi pija, fue hacia la mesa, se apoyó boca abajo y, mientras se untaba el culo, me dijo
-Quiero que me lo hagas.
Me mató ¿Cómo resistirse a tan dulce pedido? Sin creer lo que estaba viendo y escuchando, me levanté y fui hacia ella... Estaba aturdido por el ruido de los ratones tanto tiempo reprimidos en mi cabeza. Yo sabía que mi paciencia tendría sus frutos: Adriana seguía siendo un caramelito para chupar despacito... despacito...Y así quería hacerme ese culo tan esperado, tan brillante de gel, tan abierto, tan esperándome... No sé si fue por el ruido de los ratones, por el panorama, o de puro caliente, nomás, pero esa noche, justo esa noche, no se me volvió a parar.
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