Sexmujeres

Decíamos en el número anterior: "que no aparezca ningun Julius en nuestro camino", y Julio apareció... por suerte. Son increíbles las conicidencias: Julio le hace honor a su nombre de conquistador con el primer cuento de esta sección.
Hemos tenido más de 2.800 lectores y uno solo se animó a mandar un cuento.
A nosotros nos pareció muy bueno. Que lo disfruten... y a ver si se animan a mandarnos sus relatos o historias.
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Café ¿con tortas?
por: Julio
Viernes: es el día en que todo comienza a relajarse. Pareciera que el hecho de acercarse el fin de semana predispone a todos a estar de mejor carácter, las tensiones se aflojan y, desde la media mañana, hasta te dan ganas de estar en la oficina, cosa que no ocurre los lunes.
Aquel viernes se había pegado el faltazo la señora que servía el café, así que, con mi mejor ánimo, fui a preparármelo. Estaba en la kitchennet disfrutándolo cuando entró Maia, la secretaria del gerente general: unos 26 años, rubia, delgada pero musculosa -gracias a las horas que pone en el gimnasio todos los días al salir de la oficina-, siempre de minifaldas bien ajustadas para mostrar sus muy bien formadas y largas piernas que no escapan a las miradas de todos los que la ven pasar. Sabe que es bonita y que la mayoría de los hombres se derriten por ella, pero a la hora de acercársele ella sabe poner distancia y los mantiene a todos bien lejos. Obviamente, usa todos sus encantos para conseguir lo que quiere, pero no se le conoce ninguna historia con nadie de la empresa y de su vida privada no se sabe nada.
-Hola Julio, hermoso día hoy. Yo estaba apoyado en la mesada: la kitchennet es un lugar muy estrecho, donde dos personas ya son multitud. Pidiendo permiso pasó, apoyándome su hermoso trasero contra mi pelvis; traté de irme hacia atrás, pero la mesa me lo impedía, ella se quedó casi inmóvil por un instante y me miró por encima de su hombro con una sonrisa pícara
-Hola Julio, me saludó sin quitarme los ojos de encima, se me subieron todos los colores a la cara y levantando mi jarro de café como para que no se volcara, lo único que atiné a decir es: Perdón.
Ella meneó su cuerpo abriéndose paso -No me pidas perdón ¡es tan chico este lugar!.
Me temblaba todo y me quedé mirándola sin saber qué decir, cuando apareció Victoria, la directora de cuentas.
- ¿Interrumpo? preguntó socarronamente.
- No, por supuesto que no, siempre hay lugar para uno más- le contesté con una sonrisa, acomodándome de espaldas al paso para que no suceda lo de Maia.
Victoria pasó por detrás de mí: sus pechos se apoyaron firmemente en mi espalda y tomándome de la cintura dijo
- Humm!!! vamos a tener que hacer gimnasia. Refiriéndose a mis rollos de flaco, que ya empezaban a perfilarse debido a sedentarismo de la vida que llevo.
Victoria -pelo azabache, tez bien blanca, a pesar de que nos conocemos hace 15 años, su edad es un misterio, calculo que anda por los cuarenta y tiene fama de prenderse en todas, lo que le permitió llegar adonde está-, con sólo una sonrisa hace babear a los clientes y su forma de vestir -aparentemente recatada- atrae más que si estuviera en bolas, porque la ropa que usa deja ver perfectamente sus curvas y destila glamour por donde vaya.
- Hola Maia, ¿cómo anda tu jefe, hoy?
Victoria se acercó a Maia para saludarla, apoyándole una mano en la cintura, la estrechez del lugar hizo que, al darse vuelta, Maia casi besara la boca de Victoria. Las mujeres sonrieron y continuaron como si nada, pero en mi cabeza los ratones empezaron a dar vueltas, así que me dediqué a observarlas.
Mientras hablaban de cosas triviales, la ropa, el día, etc., Victoria se estiró por encima de Maia para sacar el café de la alacena, y sus pechos rozaron suavemente la espalda de la joven secretaria, que se arqueó con delicadeza. Victoria estiró su mano para tomar una taza, Maia se anticipó para alcanzársela y sus manos se rozaron suavemente en una caricia.
A esta altura noté que me estaba calentando y que estaba necesitando algo de acción, por lo cual estaba inventando boludeces donde no las había. Pero mis ratones no pararon de dar vueltas y se aceleraron más cuando Maia le dio a probar su desayuno frutal a Victoria acercándole una cucharita a su boca. Victoria sostuvo la mano de Maia y probó las frutas con crema, pasó su lengua por los labios diciéndole que estaba exquisito. Como no quería seguir mirando, decidí bajar la vista. Cerré los ojos y los volví a abrir sin poder creer lo que veía: Maia tenía el trasero contra la mesada y sus piernas abiertas, mientras una pierna de Victoria se apoyaba contra la pelvis de Maia, levantándole apenas la minifalda. Maia, imperceptiblemente, despegó su trasero de la mesada apoyándose firmemente contra el muslo de Victoria.
Cerré y volví a abrir los ojos y cuando levanté la mirada, las dos mujeres estaban mirándome y riéndose de mi cara.
Maia acomodó su minifalda y encaró hacia la salida, y mientras tanto Victoria le decía: -Bueno, a seguir trabajando, dándole una palmada en el culo.
Cuando Maia pasó frente a mí, su cuerpo rozó mi endurecida pija y mirándome a los ojos, exclamó:
- ¡Ups! que tengas un buen fin de semana, Julio.
Victoria pasó tratando de no rozarme y, tirándome un besito al aire, me dijo:
-Hay cosas de las que mejor ni hablar.
Me quedé solo en la kitchennet, con mis ratones a mil y así, impregnado de los "buenos deseos", empezó mi fin de semana.
Desde entonces, cada viernes, en lugar de esperar a que me traigan el café, me lo voy a buscar yo mismo.
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