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Después de la moraleja de nuestra editorial, poco nos queda
por decir sobre las minas y los fierros. Por eso, solamente un consejo:
si pasaste con tu coche una vez y ella te miró, pegá
la vuelta y si vuelve a mirarte, pará tu auto, bajate e invitala
a lo que quieras... y no te olvides de abrirle la puerta para que
suba; de paso, le fichás las piernas, como para ir viendo
como está.
Te preguntarás a qué viene este consejo: según
dicen las chicas de la editorial, el hombre, por más auto
que tenga, también debe ser un caballero. Llevate de ese
consejo, sino mirá la historia que contaba una de ellas:
"Era una noche de mucho frío y estaba parada esperando
el colectivo, sin intenciones de nada, solamente de que viniera
rápido, cuando, de pronto, pasó un tipo de unos cuarenta
y algo en una espectacular "Testa rosa". Lo miré
y él me miró, dio una vuelta a la
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Hoy
te presentamos el Toyota Corolla

Por ahora te mostramos la puntita. |
manzana y pasó muy lentamente
hasta casi detenerse en segunda fila, bajó la ventanilla
y se ofreció a llevarme (ganas no me faltaban, con ese frio);
me dijo un montón de cosas lindas y yo me sonreía.
-Vamos, no seas así -me dijo mientras palmeaba el asiento
de cuero- Subí que te llevo.
En eso, veo que estaciona, detrás de la Ferrari, un fitito
(¡sííí, un 600!), bajó un morocho
con un lomo espectacular, se me acercó, me preguntó
si estaba con el señor del cochazo -pidiendo perdón
por interrumpir-, y me invito a tomar un café. Yo acepté
sin pensarlo, y él se dirigió al tipo de la Ferrari:
-Perdón caballero, la dama se viene conmigo.
Me abrió la puerta del fitito y nos fuimos. Fue tan amable
que pasamos todo el fin de semana juntos y allá quedó
el tipo, con su testa caliente".
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