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Vos también podés enviarnos tus
vivencias,
fantasias, no importa como escribas, lo importante es hacerlo y
compartilo, sin querer podés estar ayudando a otros a realizar
sus sueños.
Nosotros los publicamos. Animate estas páginas son para vos.
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Para
mandar tu cuento: hacé Click en comunicate
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"Ana
María"
Venturas y desventuras de un webmaster
por: EMILIO |
Me gustó
mucho el local, con su saborcillo rancio, sus mesas de mármol,
sus espejos antiguos y una clientela muy particular. Y justo
estaba observando todo esto cuando esa encantadora voz que había
escuchado un rato antes sonó a mi espalda:
- ¿Emilio?.
Me volví y allí estaba ella. Ana María
era una mujer menudita, con media melena, pelo caoba y una sonrisa
encantadora. Apenas en un segundo aprecié su figura:
unas caderas bien marcadas y unos pechos muy sugerentes.
Nos dimos los besos de rigor y tomamos una cerveza en la barra.
Me contó que vivía cerca, en un piso antiguo de
esos de techos muy altos, por la calle Huertas. Y que tenía
intención de llevarme a cenar y de copas por esa zona,
que era de las más marchosas. Efectivamente había
visto un montón de locales que apenas estaban abriendo,
pero había mucho movimiento por la calle.
Estuvimos riéndonos y comentado lo curioso de la primera
impresión; cómo te haces instintivamente una imagen
mental de las personas que no siempre se ajusta a la realidad.
Yo le dije que lo tenía más fácil por la
caricatura que aparece en la carátula de entrada de la
página. Pero ella protestó que no me hacía
justicia en absoluto.
Ana María tenía un sentido del humor muy fino
y era persona de sonrisa fácil y conversación
fluida. Parecía que nos conocíamos hacía
mucho tiempo y que hubiera entre nosotros una corriente de complicidad.
Fuimos a cenar y después a tomar unas copas. Yo me encontraba
muy a gusto y ella estaba contenta de enseñarme sus rincones
favoritos en su barrio. Mientras vaciaba mi vaso y ella pedía
otra ronda al camarero me fijé en su perfil. Era realmente
bonita y sus labios se fruncían al hablar y sonreír
de una manera muy atractiva. Su blusa ibicenca realzaba sus
pechos, generosos, apetecibles. Se había recogido su
falda india al sentarse y por un lado mostraba a medias sus
piernas fuertes y sus muslos. Realmente era una fruta joven
y deliciosa. En estos pensamientos estaba cuando de pronto puso
sus ojos a un palmo de mi cara y me dijo con un tono entre seductor
y divertido:
- ¿Qué está mirando mi webmaster favorito?
Me pilló completamente en fuera de juego. Hasta ese momento
la velada había transcurrido suavemente, de buen rollo.
Pero de repente el tono de su voz y un brillo extraño
en sus ojos hicieron que todo cambiara... Y más aún
cuando sin mediar palabra extendió sus manos, cogió
las mías y se las llevó a la boca, besándolas
muy dulcemente, sin dejar de mirarme.
- Ana, yo...
- ¿Sabes lo que me está apeteciendo? - me interrumpió.
Que tomemos la penúltima en mi casa. ¿Quieres?
¿Te atreves a venir conmigo?.
- Claro que sí. Si tú también deseas...
Mis palabras quedaron en el aire cuando se inclinó hacia
mi cara y me besó.
Cancelamos justo a tiempo la última comanda, pagamos
y me llevó de la mano, calle abajo, hasta llegar a su
portal. Abrió la puerta, una cerradura moderna en una
puerta de madera, enorme, de más de cien años.
Entramos al zaguán y enfilamos la escalera, ancha, con
un elaborado pasamanos y los escalones también de madera.
- Cuidado, hay un par de escalones muy traidores, no vayas a
resbalar. Y comenzó a subir delante de mí.
- Lo único peligroso realmente, aquí, eres tú...
Y mis manos se fueron instintivamente a sus piernas. Las metí
por debajo de la falda y acaricié por primera vez sus
pantorrillas, sus muslos. Ella no dijo nada, pero cuando llegamos
al primer rellano se detuvo, suspiró profundamente, sin
volverse, mientras ya sin pudor estaba acariciando su culito
enfundado en unas bragas muy agradables al tacto. Lentamente
se volvió hacia mí, me abrazó y nos unimos
en un beso salvaje, de deseo mal contenido. Su lengua penetró
en mi boca y jugó con la mía a su placer. Mis
manos seguían en su culo pero esta vez salvando la barrera
de las bragas y tocando su piel suave y deliciosa, mientras
la acercaba más a mí y correspondía a su
beso.
De pronto se liberó y emprendió carrera escaleras
arriba. La seguí aceptando el juego. Se detuvo ante su
puerta y metió la llave, mientras yo me pegaba a ella
por detrás presionando su cuerpo ya haciéndole
sentir mi dureza en su trasero y apartaba su pelo para besarla
en el cuello. Gimió bajito, divertida y excitada, mientras
giraba con prisa la llave y entramos en su casa. |
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