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Gason, un consejo:
Si te pasa de nuevo, no arrugues y seguí para adelante. Hay
mandados que bien valen la pena.
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Vos también podés enviarnos tus cuentos, nosotros
los publicamos. Animate, estas páginas son para vos.
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Para
mandar tu cuento: hacé Click en comunicate
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"La
tercera mujer"
por: GASON |
Hace tres
meses que trabajo en una empresa grande, soy auxiliar, para
ser más claro: el pibe de los mandados
Todos los días la veía a Paula, morocha, ojos
verdes, 18 años recién cumplidos y de diez por
donde la mires.
Julia la secretaria del director, era la que mandaba en la oficina
del cuarto piso, ya que el dire no estaba nunca. Rubia, como
de 28 años, 1metro 78 pero, como siempre usaba, tacos
la tenía que mirar desde abajo, dicen por allí
que ganó un importante concurso de belleza cuando tenía
19 años y viajó por todo el mundo, una yegua total,
pero según cuentan no le gustan los hombres
Todas las tardes le llevo café con facturas a Paula y
aprovecho para charlar con ella en realidad quería hacerle
el entre para invitarla a salir. Varias veces Julia se acercó
a nosotros, tenía muy buena onda con Paula pero a mí,
poca bola. Esa tarde invité a Paula a ir a un boliche
y justo entró julia,
-Martín: cuando termines quiero que vengas a mi oficina.
Sí, señora enseguida voy
Parece que la jefa no anda de buen humor le comenté a
Paula mientras dejaba abrochada la cita de la noche
y me fui a la oficina de julia
-Me necesitaba señora?
-Vamos a hablar claro
-Escucho
-Mirá Martín vos no te vas a comer ese caramelito
-No entiendo de qué me esta hablando
-Que a Paula no te la vas a coger
-No jodas
-Te estoy hablando en serio y por favor no me tutees
-Cuál es el problema si ella me da una bola bárbara
-Parece que no nos entendemos a Paula me la voy a coger yo
Me quede sin artículo mirándola como si hubiera
visto un extraterrestre
-Vamos, pibe me vas a decir que no sabías que no me gustan
los hombres...
-Sííí... pero...
-Pero nada, no te metas con ella porque te puedo hacer la vida
puta ¿está claro? Podés irte y cerrá
la puerta cuando salgas. Ah, una cosa más: olvidate de
la cita de esta noche y decile a Paula que venga.
Salí de esa oficina y me quedé en el pasillo agitado
como si me hubiesen sacado el aire.
Cuando me recompuse, le avisé a Paula que me había
salido un imprevisto y que a la cita la íbamos a dejar
para otra oportunidad.
Pasó como un mes de aquella inolvidable experiencia;
todo ese tiempo me mantuve lo más alejado posible de
Paula y la jefa me trataba cada día mejor, como si no
hubiera pasado nada.
Un viernes, cuando estábamos a punto de irnos, me llamó
a su oficina; me presenté y encontré que Paula
también estaba allí.
-Sentate Martín, estábamos charlando y se nos
ocurrió que si no tenés ningún compromiso
esta noche queríamos invitarte a cenar.
Me quedé boquiabierto, miré de reojo a Paula,
ella también me estaba mirando fijamente con una sonrisa.
-Bueno... sí... contesté sin entender nada
-Está bien, entonces a las nueve (afirmó rotundamente
la jefa). Paula: ¿me dejás charlar un momento
con Martín?
Paula me apoyó su mano en el hombro, me pidió
que sea puntual y salió.
-Bueno Martín, como verás las cosas han cambiado
un poco, pero no te equivoques, vas a hacer todo lo que yo te
digo y más bien que te portes bien.
-Claro... pero no entiendo nada
-Vení a las ocho y allí te cuento.
Como no podía ser de otra manera a las ocho en punto
estaba en la casa de Julia. Cuando la vi mi corazón empezó
a latir más fuerte: vestido negro bien ajustado muy corto
dejaba ver sus espectaculares piernas envueltas en medias de
red, zapatos bien puntudos con unos tacos como de 15 centímetros,
su pelo rubio, suelto caía sobre sus tetas tapando la
transparencia del escote del vestido, era una maza la yegua.
-Bueno, ¿vas a pasar o te vas a quedar parado en la puerta?
Entramos y me llevó al living: gigantescos sillones blancos,
alfombra muy peluda, era muy impresionante, Esto no lo hizo
trabajando en la oficina, pensaba para mí. Me sentó
en el medio del sillón grande y se quedó parada
frente a mí, no podía dejar de mirarla de arriba
a abajo.
Caminó dándome la espalda hasta el bar, no podía
dejar de mirar como movía el culo al caminar
-Querés tomar algo?
-No... gracias |
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